El Blog de Galled

Rinomax

9. De cómo se conocen Mark y Lara

Escrito por: Shingo


Un disparo calentó el aire cerca de su cara y quemó una rama seca frente a ella.

Lara cayó sentada y las lágrimas se detuvieron. Asustada, giró hacia todos lados intentado notar algo en la oscuridad. Escuchó, lejos, un par de sonidos, como un silbido grave, que cortaban la noche.

Otra rama carbonizada en el acto y el bosque se partió con los chillidos de Lara. Se lanzó a correr hacia donde sea, con tal de no recibir otro disparo.

Una persona entrenada, que corre con regularidad por el campo y en una zona conocida se puede mover con facilidad por un bosque viejo de árboles secos como ese. Y Lara se la pasaba entrenando, sí, pero en los videojuegos, con un buen tazón lleno de frituras y generosas cantidades de whagh [1].

Al cuarto tropezón, bañada en barro y las rodillas arañadas, decidió terminar con su huida. Ella se iba a suicidar ese día (o noche) y la manera de realizar el trámite no invalidaba el resultado. Además, correr así antes de morir manchaba su dignidad (y su ropa, la elegida para que encuentren un cadáver con mucha clase y de estilo casual).

Se enderezó, se sacudió las ropas y con paso marcial caminó hacia, donde suponía, venían los disparos. Se imaginó como en el final de una película, con música de fondo, donde el héroe acepta su destino final. El silencio de la noche era cómplice de la escena.

Hasta que oyó el crujir de las hojas y el rumor de unos arbustos. "¡Ay, no! ¡Hay alguien cerca!", pensó y corrió y se cayó más veces que antes.

Luego de dos pasos y tres caídas más adelante, le pareció ver un enorme hoyo. Lo pensó un momento, midió el agujero (o lo que podía ver de él en la oscuridad), miró detrás, retrocedió un poco, aspiró fuerte y, de manera muy agraciada, saltó estirando todo su ser hasta darse de bruces con un árbol.

Pero había algo raro en el árbol. Por lo general los troncos acostumbran ser duros la mayor parte de su tiempo y no dicen "¡Au!".

Lara se incorporó. Se convenció que los árboles no llevaban ropa de guardia de seguridad y mucho menos armas tan grandes que se necesitaba dos manos para llevarlas. No gritó; al parecer a su cuerpo le parecía buena idea quedarse paralizada justo en ese momento.

—¡Hey Lizandro! ¡Aquí hay una!—dijo el no-árbol.

Llegó otro tipo; tan grande, que oscureció más la noche. Se alumbró todo cuando ambos prendieron unas linternas tenues. Lizandro tenía cara de idiota y el otro tenía varias cicatrices en el rostro, las cejas enormes y negras y una nariz muy deforme.

"Me van a violar", pensaba Lara, cada milisegundo.

—¡Oooohh! ¡Una colorina! [2].

"Me van a violar", pensó Lara.

—No sabía que había colorinas trabajando aquí—continuó Lizandro con su voz de idiota.

"Me van a violar", se repetía Lara, mientras buscaba una piedra entre el barro y las ramitas.

—Yo tampoco—contestó el otro tipo—pero ya sabes lo que tenemos que hacer.

"Me van a violar".

—La vamos a violar—dijo Lizandro.

—La vamos a violar... ¡¿Qué?!—respondió el otro.

—¡Sí!

—¡Seeee!—se quejó Lara, llorando y tosiendo—¡eh! ¡eh!

—¡No!

—¿No?—dijo Lizandro mirando al otro.

—¡Noooo! ¡cof! ¡cof!—siguió quejándose Lara.

—¡No! ¡Aquí nadie va a violar a nadie!

Lara sintió desvanecerse.

—Envero, ¡es una colorina!—dijo Lizando—¡Seguro tiene rosado el pelo en todas partes! ¡No sólo en la cabeza!

—En primer lugar, no se dice colorina, se dice pelicolor [3]—respondió Envero—y en segundo lugar, sí, también puede tener las axilas rosadas…

—Yo me refería a otro lado—interrumpió Lizandro, poniendo cara.

—Sí, ya te entendí—dijo Envero—. Mi prima tiene mucho pelo en las piernas y no le gusta afeitarse. También tiene un bigote espeso, pero está chica—se inclinó poco y la observó por todos lados—no tiene bigote.

—¿¡Pero te vas a perder la oportunidad de tener una pelicolor!?

—Lizandro, eres una bestia por eso las mujeres no te hacen caso. Jamás haría una barbaridad así. Y aunque tuviera una oportunidad de estar con una pelicolor, tampoco intentaría nada con ella. Mi corazón tiene dueña.

—¿No.… me.... van... a... violar?—dijo Lara, gimoteando y con la respiración entrecortada.

—No señorita—respondió Envero.

Lara, se relajó y soltó los hombros.

—La vamos a matar—continuó Envero, mientras él y su compañero levantaron los rifles de plasma, apuntándole.

Dos disparos fueron los últimos que se escucharon esa noche en el bosque.

"La muerte, al fin", pensó Lara, "el único alivio para mis problemas. La solución, de una vez por todas, a esta existencia que no tiene sentido. Espero que estén contentos papá y mamá, ya no soy más la decepción de la familia. Ya no soy más la hija que no sabe valorar lo suyo, la perra que no sabe amar, la ciudadana que no pertenece a ningún sitio. Lara la horrible".

—¡Hey!

"Como decía Bukowski, y creo que tenía razón..."

—¡Hey! ¡Oye!

"... que lo terrible no es la muerte, sino la gente, su vida, que no la viven hasta que mueren"

Una sacudida le interrumpió en su proceso de elegir la frase más dramática e hizo que abriera los ojos. Alguien la había cogido de la camisa y la estaba sacudiendo de manera intensa pero uniforme. Casi se podría decir que una máquina sacudidora la estaba moviendo. Sacudió la cabeza y vio un cañón frente a ella.

—¿Estás bien?

Parpadeó un poco más rápido y la tenue luz de las linternas le permitió ver otra vez aquel rostro. No se podía decir que era feo, tampoco atractivo. Era un rostro neutral, tanto como lo puede ser un maniquí o un muñeco de plástico. Y con la piel gris y el cabello verduzco. "¡Oh! ¡Otra vez él!", reaccionó Lara y de inmediato vio, a su lado, tumbados boca abajo a los otros dos tipos que habían estado con ella.

—¡Tú otra vez! ¡Maldito enfermo!

—Ojos desorbitados, cejas en el mismo lugar. Indicios de miedo. Mmmm, te voy a tranquilizar: me fue difícil llegar y ahora mi arma está ...

Lara de un salto cogió uno de los rifles del suelo y de un golpe le reventó el cañón de plasma que sobresalía del brazo mecánico del tipo.

—... a un paso de desmantelarse...—continuó el hombre de piel gris, mirando como, poco a poco, su arma rota que pendía de un cable y un soporte quebrado se deshacía en pedazos grandes y pequeños, saltando, graciosos, y en conjunto dibujando una parábola en el aire que seguía la trayectoria que Lara había dibujado con el golpe hecho con el rifle.

—Esa fue una reacción inesperada—se interrumpió el hombre, con el rostro inexpresivo.

—¡Cállate! ¡Cierra la boca depravado!—dijo Lara apuntándole con el rifle. El tipo aún estaba agachado frente a ella.

—Me siento confundido.

—¡Que te calles!—Lara empezó a temblar—¡Déjame morir en paz! ¡No me vas a violar!... ¡eh!... ¡eh!... ¡eh!... ¡BAKAKA!

—¿Qué?

—¡Sí!—"¡oh! ¡lo dije!"—¡Eso es lo que eres! ¡Una real y gigante bakaka!

—Eh, tecnicamente soy un cyborg.

—¡Dije que te calles! ¡Tengo dos! ¡Dos! ¡Dos disparos en el pecho y voy a morir! ¡Déjame en paz!—dijo Lara moviendo el rifle.

El hombre ladeó un poco la cabeza. Negó, leve, con la cabeza, hizo un gesto y dijo:

—No percibo ninguna herida en tu pecho. Y—continuó con frialdad—tampoco detecto señales claras de que vayas a morir.

"¿Qué tengo que hacer en estos casos?", se preguntó Lara. El tipo la había seguido, su cabeza no pensaba bien y tenía que actuar rápido antes que perdiera el control de la situación. No iba a dejar que un depravado violara su cadáver o que lo hiciera mientras agonizara.

—¡Qué bien!—dijo ella y luego disparó.

O al menos eso era lo que quería hacer.

—Estás usando un arma llamada RGDG, según el manual de usuario, página 7, gráfico 14, acabas de presionar el botón del seguro—dijo el hombre de piel gris—. Puedes disparar quitando el seguro, pero no recomiendo que lo hagas.

A Lara se le desencajó la cara.

—También, según el manual de usuario, página 13, gráfico 23, la manera que estás sujetando el arma es incorrecta, el retroceso podría partirte en dos. Pero el arma detecta eso y se bloquea.

—¿Qué?—respondió Lara, bajando el arma. Luego miró a los dos tipos tumbados. Ella no era tonta, se estaba calmando y pensando con más claridad.

El hombre de cabello verde se levantó. Estaba muy malherido, con sangre por todas partes y las ropas rotas. Estaba de pie, pero daba la impresión de caerse en cualquier momento.

—¿Quién eres?—dijo Lara bajando el rifle.

—Soy Mark Landon.

Lara entornó los ojos y se encogió de hombros. Se quedó esperando dando pisaditas repetidas y ondeando las manos, alentando a que el tipo dijera algo más. Pero Mark seguía detenido en la misma posición enclenque. Luego de varios incómodos minutos ella dijo:

—Pero, ¡eso no es suficiente!, ¿nada más?, ¿qué haces aquí?, ¿por qué me sigues?, ¿por qué me salvaste?, ¿cómo me encontraste?, ¿por qué mataste a tus amigos?—Lara había ido encolerizandose más y más y luego gritó:

—¡Algo!

—No entiendo las dos primeras preguntas—dijo Mark, preocupado. Luego continuó recitando como un robot:

—Estoy en una misión; no te estoy siguiendo; no quería que te maten; te encontré casualidad, iba persiguiendo a esos dos; quizá quisiste decir "¿por qué mataste a esos dos hombres?", aunque en cualquiera de los casos la pregunta es inválida, porque yo nunca mato. Sólo los aturdí.

—A ver, de acuerdo. ¿Y se puede saber por qué no mataste a esos asesinos y violadores?—respondió Lara con el gesto contraído.

—No puedo terminar la vida de un ser humano. Me imagino a mí, al final de mi tiempo de vida, sin poder leer más cuentos o ver más películas. Como una pantalla apagada para siempre. Me da miedo pensar en eso.

—¡¿Qué clase de robot asesino eres tú?!

—Uno muy malherido. Y no soy un robot, soy un cyborg.

—¿Entonces qué?—dijo Lara, entornando los ojos, mirando al cielo y cogiéndose la frente. Aquel hombre o robot la había salvado, estaba todo maltrecho, pero no podía confiarse. Había algo muy raro en él. Entonces dijo:

—Dijiste que estabas en una misión. ¿Los tenías que matar a ellos para salvarme o algo así? ¿Vas a llevarme a algún lado?

—La misión ya terminó, no sé si pueda contarte de qué trataba—dijo Mark, girando la cara como rebuscando en sus pensamientos—. No, tú eras una variable que formaba parte del error durante la misión; te llevaré a tu casa.

—¿Conoces mi casa?—Lara arrugó la cara.

—No.

—Entonces, ¿cómo piensas llevarme?

—En mi móvil—dijo Mark y se adelantó, rengueando.

Lara se le quedó viendo por un momento, confusa, cómo el hombre se alejaba cojeando, endeble. Luego miró a los tipos en el suelo panza abajo. El bosque estaba muy oscuro y no veía por dónde regresar a su casa. Soltó el rifle ( pesaba más de cinco kilos ), cogió las dos linternas de los tipos, apagó una y la metió en su bolsillo, enfocó la tenue luz azul de la otra y alcanzó a Mark.

Caminaron un buen trecho. Aunque, en realidad Mark arrastraba un pie y cojeaba con la otra pierna que estaba en una posición imposible. Lara caminaba al lado, abrazada a sí misma, tiritando y mirándose los sus pies. Ella no pensaba en nada más que en evitar pisar charcos de barro, algún hueco o algún animal aparecido de repente.

"Lo bueno es que el tipo no parece malo, después de todo", pensaba Lara.

—¿Ya te convenciste que no te voy a hacer nada malo?—dijo Mark, girando la cabeza hacia ella y andando sin mirar el camino. Parecía un muñeco deforme y destartalado. Del tipo de muñecos que puedes encontrar en la basura y te da pena mirarlo de día, pero de noche (como estaba ahora) parece que le ha invadido el espíritu conjunto de la mitad de la población del infierno.

—No—respondió Lara y luego de mirarle la sonrisa desencajada y los ojos disparejos volvió a mirar al piso.

—Este es el plan—continuó Mark, mirándole—, ya conoces mi móvil, llegaremos, calculo que, en 3 minutos y 34 segundos (ya sabes lo de los milisegundos )—puso su mano alrededor de su boca como diciendo un secreto y guiñó un ojo que lanzó un salpicón de sangre—. Nos subiremos, me dirás la dirección de tu casa y llegaremos. Una vez te deje iré a mi casa y esta noche no pasará de ser un valor atípico para los dos.

—¿Dónde está tu móvil?—dijo Lara mirando al frente, intentando no mirar la cara del muñeco diabólico. Se preguntaba por qué, siempre que intentaba no mirar algo, los rabillos de sus ojos le traicionaban, algo así como esa vez cuando llegó a la tienda de videojuegos a encontrarse con su novio y le había prometido no volver a comprar cosas de videojuegos y justo ese día estaba en oferta el nuevo accesorio de inmersión del último módulo de Era de Espada y Fantasía.

—Allí—dijo Mark sin mirar—. Es un lugar muy seguro.

—¿Dónde?—dijo Lara, antes de gritar y caer de bruces.

—¿Estás bien?—Mark cambió su rostro a una especie de "preocupación", aunque aún parecía falsa—. Pensé que tú también habías visto ese pedazo de metal.

—¡Au! Es obvio que no, ¿no?—dijo Lara en el suelo, mientras intentaba levantarse. Mark se acercó al pedazo de metal y dijo:

—¡Oh! Parece un trozo de mi móvil.

—¿Qué?—gritó Lara.

Dieron un par de pasos más. Allí había un claro y los restos humeantes del móvil de Mark, desperdigados sin orden aparente.

—Tendremos que regresar caminando—dijo Mark.

—¡¿Y lo dices, así sin ningún tipo de sorpresa?! ¡¿No se suponía que tenías un móvil que nos iba a llevar a casa?!

—Sí, pero parece que alguien lo ha destruido.

—¡Oh! ¡Y parece que a ti no te interesa! ¡Esos tipos te destruyeron la nave y tú muy tranquilo! "¡parece que alguien lo ha destruido!"—dijo Lara imitando como idiota a Mark.

—Sí. Es la única opción posible. Además aquí no hay nadie más. La noche estará muy tranquila de aquí en adelante.

Lara apretó los puños y rugió mirando al cielo. Hizo un gesto brusco, indicándole a Mark que prosiguiera el camino que tenía pensado. Mark le guiñó el ojo, levantó el pulgar, sonrió y pasó frente a ella cojeando. Ella lo siguió entornando los ojos.

Caminaron por una hora sin decirse nada. Lara apenas ya tenía fuerzas para continuar, su atlético cuerpo estaba destinado a otro tipo de actividades deportivas, actividades que involucraban tazones de frituras y litros de bebidas nada saludables, actividades como los deportes electrónicos. Podía correr por horas con su personaje (una ladrona de clase 72 [4] ), pero en la vida real, sus únicos retos eran ir de su módulo de inmersión a la dispensadora de comida en el tiempo que demoraba en cargar el mundo a jugar.

—Se te ve cansada, ¿lo estás?—dijo Mark.

—Sí, ¿no se nota?—contestó Lara levantando una ceja—

—Si estás caminando conmigo significa que no viniste en un móvil propio.

—¡Claro! ¡Tú me atropellaste!

—Pero, yo te atropellé cerca de aquí. ¿Cómo llegaste?

—En komlan—dijo Lara, mirando al piso—. No pensaba regresar.

—No entiendo—dijo Mark, rebuscando en sus pensamientos—, ¿pensabas quedarte por aquí? ¿ibas a visitar a alguien? ¿Estabas en una misión? ¿tenías ... ?

—Me iba a suicidar—le interrumpió Lara—¿de acuerdo?

—No.

—¿Qué?

—No estoy de acuerdo. No entiendo el suicidio.

—Tengo muchos problemas, ¿sabes?—Lara se sentó en una piedra y dejó una de las linternas a su lado, les iluminaba como una fogata azul. Mark se detuvo y la miró como un perrito—. Supongo que hay mucha gente, también, con sus cosas, pero yo tengo demasiados problemas, ya no le veo sentido a la vida.

Mark no contestaba, sus ojos parecían un cursor que estaba esperando algún comando. Lara, cogió un palito y comenzó a hacer dibujos en la tierra. Se quedó callada por un momento, chitó, suspiró; se alisó su pelo, rosado, ondeado y sucio de barro. Miró a ambos lados y luego a Mark. Entonces dijo:

—Estudié Literatura... Bueno, mi padre es escritor, ha escrito un par de libros que han sido muy aclamados. Yo ni los he leído, porque hablan acerca de un hombre que se descubre así mismo a sus cuarenta años y otro que habla acerca de un tipo que es exitoso en las finanzas y luego conoce el amor no sé en donde. La verdad es que no me interesan. No sé por qué estudié Literatura. Supongo que quería agradarle. A él le gustaba, me alababa aunque en realidad era muy mediocre en la universidad.

Es que en realidad no me gustaba nada de lo que estudiaba. Lo odiaba. Y lo peor de todo es que me iba bien, no era sobresaliente, pero tampoco la pasaba mal. Terminé y no sabía qué hacer. Mi padre me recomendó a un diario. Llegué tarde a la entrevista. No quise ir a la siguiente entrevista. Mi padre se enfureció conmigo. Hasta ese momento mi madre había permanecido neutral, aunque un poco de mi lado.

Meses antes mi novio me propuso vivir con él y yo acepté, pero no se lo dije a mis padres. Cuando mi madre me buscó y no me encontró en mi departamento se armó peor el lío. Mis padres se enteraron donde vivía y me quitaron el apellido. ¿Te dije que me llamo Lara Withoth? Bueno, mi padre es Milán Withoth, aunque él se encuentre en un juicio para que me llame simplemente Lara. ¿Sabes que siempre quise un segundo nombre? Bueno, eso no importa.

Me dejaron de mandar dinero, así que me fui a conseguir algún trabajo para dejar de depender de mi novio. ¡Tres! ¡Tres restaurantes me rechazaron! Sí, bueno, también puede ser porque no puedo llegar temprano a ningún lado. También porque me amanezco jugando videojuegos. Pero, bueno. Mi novio era bueno, muy bueno. Muy lindo. Y jamás me reclamaba porque no tenía trabajo. Él no tenía un gran trabajo, pero me amaba. Me amaba mucho, aún cuando yo...—Lara se cogió la cara y comenzó a llorar—. ¡Me amaba!

Mark miró a ambos lados, se miró las ropas, cogió un pedazo de camisa, lo rompió y se lo dió.

—¡Gracias!—dijo Lara sorbiendo los mocos—es muy amable de tu parte. Aunque sea una tela con sangre—se sonó la nariz, como una trompeta. Luego continuó:

—Yo siempre iba al mundo Planisferio, que es como una especie de escalera de discos de miles kilómetros de diámetro donde hay diferentes criaturas. No me mires así, es parte del juego Era de Espada y Fantasía. Hay otros mundos peores, pero me gustaba más este. No sé qué tenía este mundo, que todos los chicos me trataban bien y me regalaban cosas. Todos me hablaban y me trataban bien. Allí me sentía mejor que en cualquier otro lado. Sí, también con mi novio, pero él trabajaba mucho y llegaba tarde, así que mientras él no estaba, Era de Espada y Fantasía era el mejor lugar del mundo. Aunque no existiera—se sonó la nariz nuevamente, miró y vio sus mocos mezclados con sangre. Puso una cara de asco y dejó con disgusto el retazo de tela a un lado. Levantó las cejas y luego continuó:

—Conocí mucha gente, pocas chicas, más chicos. La verdad es que había de todo. Malcriados, aduladores, enfermos, mañosos y los seductores. Los esquivé a todos, acepté sus regalos y huí de ellos. Yo llevaba mucho tiempo jugando, así que hice unos cuantos amigos confiables allí. Aún los tengo. Está Alsory que debe ser un nerd horrible y está demasiado enamorado de su novia, ella nunca juega pero sé casi todo de la gran Elizabeth. Luego está Master Blaster, que por lo que sé puede ser un delincuente muy ranqueado que juega cuando no está peleando en alguna guerra de pandillas, no me cae mal, es muy amable, pero se nota cómo es. Por sus indicadores debe de tener los mejores accesorios del país. Y luego está Daniel. No lo conozco en persona, pero es mi novio virtual.

Sí, ya sé. ¿Cómo puede ser, si ya tenía novio?

No sé cómo pasó. Al inicio parecía un juego, porque su personaje no parecía del montón. Estaba diseñado con mucho cuidado, tenía mucho detalle y era muy atractivo. ¡Ja! Al inicio me enamoré de su personaje, es hermoso. Rostro suave y delicado, piel rosada (casi fucsia, es por la raza de su personaje un Boto [5]) de cabello largo y negro. Se notaban las horas trabajadas en sus detalles, incluso su armadura brillaba de manera diferente a la de cualquier otra que haya visto. No le veía nada de malo en coquetear, besarnos y luego... Bueno, ya sabes. Aunque todo era virtual. Jamás lo he visto. Alguna vez hemos jugado con la idea de encontrarnos en persona, pero...—Lara se cogió de nuevo la cara. Se limpió los ojos con las mangas y cortó las lágrimas de inmediato porque el barro de su ropa se había metido en sus ojos. Luego de un buen rato de limpiarse los ojos con alguna parte limpia de su camisa continuó:

Nunca jugaba cuando mi novio estaba en casa. Pero una noche teníamos una maratón. Eran tres raids seguidos, había sido mucho, lo habíamos logrado con mucha dificultad. Estábamos muy alegres. Y mi novio dormía profundamente. No me acordé de él y Daniel y yo nos pusimos muy romanticos. Nos fuimos a una taberna y lo hicimos allí... No sé cuánto tiempo mi novio estuvo observando todo. Sólo sé que cuando terminamos, mi conexión se fue, me quité el casco y él estaba allí, frente a mí furioso y llorando.

Nosotros vivíamos en un piso quince. Discutimos mucho, le pedí perdón, pero él estaba furioso. En ese momento no le entendía porque me hablaba de varias cosas al mismo tiempo. No le entendía. Me preguntó muchas cosas y las respuestas que le daba le hacían enfurecer más. En un momento pensé que me quería pegar y me defendí. Le lancé un tazón de frituras. Le rompí la cabeza—Lara quebraba la voz—. Él retrocedió, no sé qué quería hacer. Se lanzó contra mí y yo lo esquivé. No sé con qué se resbaló y se fue contra la ventana... Esa noche hacía mucho calor... La maldita ventana que él siempre me dijo que le pusiera una malla de protección. La maldita ventana que estaba abierta...

Me fui corriendo. Cuando bajé a la calle ni siquiera me acerqué a su cuerpo. Tenía miedo. Era de noche. Nadie me vio. A los dos días cuando fui a la estación Liciap, para entregarme, al preguntar por él, me dijeron que lo habían clasificado como suicidio. Resulta que preguntaron a sus compañeros de trabajo y amigos. Nunca había mencionado que vivía conmigo pero si que estaba ahogado en deudas. El día de su muerte le había llegado la notificación de castigo en el sistema financiero. Y en su registro habían encontrado nueve solicitudes de préstamo rechazadas ese mismo día. El pobre había pasado meses en deudas para darme la vida que me había dado. Y yo lo había traicionado. Yo lo había asesinado.

Lara estalló en lágrimas. Mark buscó en su base de datos. Encontró muchas coincidencias con la búsqueda "¿qué hacer cuando una persona llora?". Dio una revisión rápida de los pasos a seguir. Se acercó, mirando con cuidado, examinándola como a un bicho raro y mecánicamente levantó los brazos chuecos y la abrazó. Luego le dio unos golpes leves y automáticos en la espalda. Luego se alejó y le miró a los ojos.

—Con razón estás triste. Parece que es una situación muy difícil—dijo, con la cara desencajada por los golpes, bañada en sangre, con la camisa rota, el brazo mecánico abierto mostrando todos sus circuitos, un pie doblado hacia atrás y colgando de un par de cables, la otra pierna doblada de fea manera y el otro brazo lleno de arañones. Sin contar el barro por todo el cuerpo y el cabello verde deshecho.

Lara lo miró por un momento y luego suspiró. Se levantó y ambos continuaron caminando. Luego de diez minutos Mark preguntó:

—¿Y no encontraron el tazón con la sangre?

—¡Son liciaps!—respondió Lara—¡Ya sabes como son ellos! ¡No podrían encontrar a un delincuente aunque estuvieran frente a ellos!

—Yo soy liciap.

Lara lo miró con los ojos desorbitados y la boca abierta. Pestañeó por unos instantes y luego dijo:

—¿Vienes a arrestarme?

—No tienes orden de arresto. Ya te dije que eres un error, parte de las variables que no se pueden controlar en una misión.

—Pero—continuó Lara preocupada e incrédula—, tú no pareces un liciap. Casi siempre son gordos o bajitos o tienen esos bigotes gordos.

—Soy un tipo de liciap diferente—dijo Mark, sonriendo con su sonrisa falsa y ahora más aterradora ya que tenía la cara magullada y ensangrentada.

—¿Así? ¿Cuál? ¿La patrulla de hojalata?—dijo Lara, burlona.

—Un Rinomax.

Lara rió un buen rato, con la mirada confusa de Mark.

—¿Qué se supone que son? ¿La tropa médica?

—¡Oh, no! Somos un grupo especializado en operaciones secretas de muy alto nivel—respondió Mark, orgulloso.

—Pues déjame decirte que no tienen un nombre que dé esa impresión.

—¡Oh! Revisando en mi base de datos—dijo Mark como leyendo algo—veo que también es un nombre de un medicamento. Supongo que ese nombre lo pusieron para despistar.

—O el despistado era el que puso el nombre.

—No tengo información registrada acerca de la creación del nombre de mi unidad.

—¡Bah! déjalo así—dijo Lara haciendo un gesto con la mano—. Además no creo que seas muy bueno guardando secretos. Ya me dijiste que eres una especie de espía en una operación secreta. ¿Sabes el significado de "secreto"?

—¡Oh!—dijo Mark, sorprendido—¡Estaba tan emocionado y te consideré tan despreciable para efectos de la misión que no me puse a pensar en que contándote estas cosas afectaría de alguna manera la reserva de la misión!

—Gracias... Supongo—respondió Lara, todavía analizando si le convenía ser "despreciable" o no. Arqueó las cejas, sonrió y continuó:

—Y ya que todavía estamos lejos... y la noche es larga... y tu misión ya no es tan secreta (al menos para mí)... y no pareces taaan cansado: ¿por qué no me cuentas por qué estás tan... Tan... Tan así?—ella hacía gestos con las manos.

—¡Oh!—dijo Mark, de nuevo como leyendo algo en sus adentros. Pasaron muchos minutos más, con ambos callados. Al fin Lara volvió a preguntar:

—¿Y bien?

—¿Bien qué?

—¿Piensas contarme qué te pasó?

—¡Claro! Estaba esperando que lo preguntaras.

—Te lo pregunté hace un rato—dijo Lara con gesto hosco.

—¡Oh, ya entiendo! Es que tu anterior pregunta no la entendí, y cuando no entiendo una pregunta tiendo a descartarla.

—Esta va ser una larga noche—dijo Lara entornando los ojos.

—En realidad esta es una noche de verano, durará menos—dijo Mark, ufano.

Lara lo miró y detuvo su andar; Mark dio dos pasos cojos y giró la cabeza para verla.

A ella se le achinaron los ojos y estalló en carcajadas, cogiéndose el estómago y doblándose un poco; él sonrió un poco y está vez su sonrisa pareció más humana.

—Oye, tengo un par de amigos con implantes biónicos, pero nunca había conocido a un cyborg. ¿Qué se siente?

Mark le contó con lujo de detalles qué sintió cuando abrió los ojos por primera vez y vio a sus padres: dos científicos que se encargaban de ensamblarlo. A cada frase que soltaba, Lara acompasaba con un "¡no juegues!" o un quedo "ya" o una risotada burlona. También le contó acerca de su primera misión: atrapar a un hombre que apaleaba delincuentes. Le contó cómo intentó detenerlo, cómo falló y qué había conversado con él antes de dejarlo ir. Lara no estaba segura si el hombre había huido o se había ido tranquilamente, pero lo que le quedaba claro es que Mark le había dejado ir cuando él estaba destrozado, por obra y gracia de ese tipo que apaleaba delincuentes y, ahora también, a un cyborg llamado Mark.

También le contó cómo llegó a su base de operaciones y como aquel militar malencarado lo miraba extraño.

—Creo que quiere desmantelarme—dijo al fin—. De nuevo fallé la misión...

—Eso no tiene mucho sentido—interrumpió Lara—. Digo: gastan tiempo y dinero; ¿para qué? ¿Para luego matarte?—ambos se miraron un rato. Luego continuó, riéndose de la cara de Mark:

—Bueno, no me hagas caso, continúa.

—Ahora recuerdo lo que sentí cuando saltaste del móvil : alivio.

—No quiero hablar de eso, ¡supéralo!, ¿ok? Sigue, ¿qué más pasó luego?

—Bueno, una vez aliviado el problema de la variable externa (pero despreciable) a la misión, se obtuvo, a continuación los siguientes resultados:

Veintidós horas con trece minutos. Me ubiqué en las coordenadas designadas como el punto de inicio: 18LTM8241449113. Dejé mi móvil y llegué al edificio objetivo: 18LTM8290249290.

Veintidós horas con quince minutos. Identifiqué la entrada y derribé la puerta...

—¡¿Puedes dejar de hablar como un robot que emite un informe?!—dijo Lara, impaciente.

—Cuando hablo de mi misión, estoy programado para informar de ella de esa manera.

—Mira, sólo cuéntalo, ¿ok?—dijo Lara, acercando su cara a la de Mark—No me interesa la hora en que llegaste, los numeritos y las coordenadas y no sé qué más.

—Veinti...—dijo Mark, tímido pero de inmediato se calló. Miró a Lara y ella le devolvió la mirada, entrecerrando los ojos y ladeando la cabeza, hastiada. Luego, temeroso, continuó:

—Ummm... De acuerdo...—a cada frase Mark se detenía a ver a Lara y a ella le hacía gracia—. Detecté varias personas dentro... así que... Le di varios golpes al portón de la puerta...

—Espera, espera—interrumpió Lara—¿Qué tenías que hacer?

—Capturar al jefe de la fábrica clandestina de armas.

—Y ¿no se te ocurrió que con los golpes del portón el tipo iba a escaparse? O acaso pensabas que el tipo iba a salir y decir: "¿Sí señor cyborg?"—Lara extendió los brazos hacia adelante, riendo—"¡Lléveme señor cyborg! ¡Soy culpable! ¡Soy malooo!"

—¡El edificio objetivo no tenía otra salida! Y...—Mark agachó la cabeza a un lado—quería que fuera más impresionante. Esta misión sí que tenía que salir bien o me iban a desmantelar.

—Sigo pensando que es una tontería, pero bueno. Continúa.

—Pateé el portón varias veces con mi fuerza incrementada. La puerta cedió y cayó. Pero en lugar de caer al suelo o salir volando por los aires, levantar mucho polvo, con la luz detrás de mí y los goznes colgando; la puerta se hizo a un lado y cayó sobre un móvil estacionado al pie del portón. Tuve que entrar con mucho cuidado haciendo a un lado las hojas de la puerta. Cuando entré, había una pareja detrás del móvil. Los dos estaban abrazados mirándome con sus bocas manchadas con lápiz labial. Menos de un segundo después apareció gente que comenzó a gritar con ira y miedo.

—¿Se asustaron de ti y comenzaron a dispararte?

—No. Bajaron varias personas y una chica comenzó a gritar a la pareja. Luego un chico se les lanzó y le pegó un puñetazo al tipo que abrazaba a la mujer.

—"Quédense tranquilos, o habrá... problemas" [6], dije; pero nadie me hizo caso—Mark suspiró—. Escaneé a cada una de las personas que estaban allí, las identifiqué como objetivos secundarios y avancé a ver dónde estaba mi objetivo principal. La puerta era un garaje con una escalera al segundo piso. Al final del garaje había otra puerta, pero detecté que era un patio sin gente. Así que subí por las escaleras.

"Esto está demasiado fácil", pensé un poco desanimado. Error. Había cinco tipos bien armados que me recibieron disparando...

—¡Ellos te dejaron así!—interrumpió Lara.

—No. Les dejé disparar una sola vez a cada uno. Ya había detectado a los tipos, pero mi sistema todavía tiene problemas para detectar armas. Dispararon unas cuantas ráfagas, pero mi campo de fuerza absorbió los disparos de los féizers. Me demoré menos de un segundo (ya sabes lo de los milisegundos) en establecer los objetivos, según trayectoria y destino final de cada disparo.

El resto del segundo lo use para disparar contra los cinco tipos. Los aturdí por un buen rato. Y en esa fracción de tiempo detecte al jefe cuando asomó la cara desde la puerta de una oficina al lado de una pasarela de metal que era una saliente del segundo piso. Jired Garret Junco. Hombre, 22 años, metro ochenta, piel cobriza, ojos color ocre, cabello largo castaño y crespo, complexión delgada. Otros datos: vestía un traje azul de Prusia hecho de lanilla nacional marca Manolo Testalozzi, anillo marca Kim Fessio...

—¿Todo eso ya te lo habían dicho?—volvió a interrumpir Lara.

—No. Mis implantes cerebrales me permiten identificar más de mil características diferentes (sí, también me han dicho que es más normal redondear los números grandes y dar aproximaciones) con un solo escaneo.

—Ajá. Pero de saber si tienen armas, nada, ¿no?—rió Lara. Mark estaba por responder, pero ella se lo negó con la mano y dijo ahogándose de risa:

—¡Continúa!

—Un par de disparos aturdidores a los tipos y listo—dijo Mark—. El camino estaba libre. Subí las escaleras con cuidado, monitoreando a la gente que rodeó a los hombres que estaban en el suelo. Todos se veían muy asustados, pero no parecían objetivos a considerar, su nivel de riesgo era despreciable.

La oficina donde estaba Garret solo tenía una salida. Le di una patada a la puerta y salió volando, tal como yo quería. "Esta misión está por culminar satisfactoriamente", pensé y salí disparado, empujado por algo que en ese momento no detecté. Mis sistemas lanzaron alertas por todas partes.

"CPDTB 34. Esta arma sirve para destruir tanques blindados" dijo Jired Garret cuando se me acercó. Tenía razón, su documentación daba indicaciones muy claras y con fotos muy detalladas. Me dio otro disparo. Mi brazo derecho de inmediato me cubrió y mi brazo quedó dañado (en ese lado llevo el arma). Aparecí en medio de un pequeño cráter en el primer piso. Estaba muy dañado, pero aún podía ponerme en pie. El jefe mandó a dos tipos que me llevaran a un salón en el segundo piso. Me arrastraron y me lanzaron contra una de las paredes del salón. Jired Garret cerró la puerta por dentro y luego comenzó:

"Sé quién eres", dijo acercándose al escritorio que estaba en medio del salón. Llevaba el arma al hombro. "Sé que vienes por mí. También sé que se va a formar un motín. Me has dado un poco de tiempo. Los tipos que aturdiste se despertarán dentro de un rato, pero yo ya no estaré aquí". Abrió un cajón y sacó un cuchillo para desollar y me lo mostró; un par de jeringas y me las mostró; unas botellas con anestésicos y me las mostró; lo dejó todo encima del escritorio y luego volvió a dispararme. Me disparó en las piernas, la cabeza y los brazos. La pared contra la que me pusieron era muy gruesa, estimo que de unos treinta centímetros de espesor, con aleaciones de metal para reforzarla, pero aún así retumbaba, se agrietaba y el polvo inundaba todo.

El polvo no podía hacerme daño, mis sistemas de sobrevivencia aún funcionaban, pero no sabía por cuánto tiempo. Jired Garret estuvo haciendo algunas cosas mientras el salón estaba con poca visibilidad.

Cuando el polvo comenzó a asentarse llegaron los golpes a la puerta. Eran golpes muy fuertes y gritos preguntando por Jired Garret. Le pedían que abra la puerta y golpeaban con las armas. Jired Garret tiró una máscara contra el polvo que tenía puesto y luego se acercó a mí. "Sí yo abro esa puerta, estoy muerto", dijo. "Ya están listas las cargas. Este salón estallará. Tus jefes me tendrán muerto y yo escaparé. Todos contentos. Incluso tú. No tendrás que sufrir más. Debe doler. Te ves como si doliera mucho".

"Mis sistemas inhiben el dolor agudo, pero conservan las sensaciones para poder accionar todos mis movimientos. No puedo moverme, pero no siento dolor", respondí. Jired Garret hizo una cara emanando orgullo. "Mis sistemas de curación están trabajando", dije luego.

Jired Garret levantó el cuchillo y se lo puso en la barbilla. "Me puse anestesia local, no creas que soy un loco", dijo y luego se desolló la mitad de la cara. Metía rápido el cuchillo y con la otra mano se arrancaba la piel. Llegó hasta quitarse un pedazo de cuero cabelludo y cuando iba por la mitad de su cara, cortó el pedazo que tenía suelto. Se quitó el anillo y lo envolvió con la mitad de su cara. "Te encontrarán con esto. O si sobrevives, llévaselo a tus jefes. Es la prueba de que cumpliste tu misión", dijo, me guiñó el ojo que tenía el lado con piel y metió su pellejo y el anillo dentro de mi camiseta...

—¡Espera! ¡Espera! ¡Espera un momento!—volvio a interrumpir Lara—¡¿Tienes un pedazo de la cara de una persona allí dentro?!

—Y un anillo marca Kim Fessio—respondió Mark.

—¡Bota eso!

—¡No! ¡No puedo! ¡Tenía que apresar a Jired Garret!

—¡Ah! ¡Y como no pudiste atraparlo, vas a mentir llevando esa asquerosidad!

—Sí. ¿Quieres saber qué más pasó?

—No. Ya me está dando asco.

Caminaron por otro buen rato más. Doblaron por una gran avenida. Luego un par de cuadras Lara preguntó extrañada:

—¿Cómo sabes que es por aquí?

—Estoy haciendo una estimación.

—¡Espera! ¿No tienes un GPS? ¡¿Eres un robot y no tienes un GPS?!

—Lo desactivé. No quiero que me ubiquen. Me van a desmantelar.

—No solo eres un mentiroso—dijo Lara—sino que también un cobarde.

—Lo que te conté es verdad. Y tampoco soy un cobarde.

Lara hizo un gesto con la mano y chitó. Caminaron callados un par de minutos.

—Igual ya no importa. ¡Estoy tan cansada! ¿Tú no te cansas?

—Tengo el mismo sistema de energía que usan los móviles, recibo energía de las ciudades y una batería que me da autonomía por 96 horas, si está cargada al 100%. Ahora mismo mi batería está...

—¡Ok! ¡Entendí el punto! ¡Gracias! La próxima vez solo di "No".

—No—respondió Mark e hizo una sonrisa que en él se veía falsa.

—¡Oh! ¡Pero qué mal chiste!—dijo riendo Lara.

Luego de casi media hora de caminata, Lara andaba apoyada en el hombro maltrecho de Mark. Dio un vistazo y observó como la piel del brazo herido del cyborg se movía errática, como si fuera un rompecabezas con pequeñas piezas que intentan buscar donde encajan mejor. Y en las partes con el metal descubierto parecía una pequeña fábrica con diminutos fierros retorcidos siendo enderezados, rodajes subiendo y bajando, pequeños cables corriendo por rieles minúsculos y mini arañas metálicas; todos nadando en sangre que lo inundaba todo. Un chorro de sangre le bañó la mano y Lara la sacó con asco. Se limpió en la camiseta de Mark y miró a todos lados. Se abrazó y dijo:

—Oye, ¿por qué hasta ahora no hemos salido a la carretera o ido por el lugar donde me atropellaste?

—¡Oh! Si hubiésemos ido por la carretera, hubiésemos pasado por una serie de sitios abandonados, llenos de peligros. Por aquí es el camino más seguro, confía en mí—dijo Mark guiñando un ojo y salpicando sangre en el proceso.

—¡Claro!—dijo, alegre, Lara señalando con el dedo hacia un grupo de gente parada en una esquina—¡Estamos salvados, podemos buscar a alguien de allí, que nos lleve!

—Lara, creo que es mejor que tomemos otra ruta—repuso Mark, tocándole el hombro y luego el ademán de darse la vuelta.

—¿Qué pasa? No entiendo, allí vienen—Lara se dirigió a la gente—¡Hey!

—¿Alguna vez has visto algún pandillero?—dijo Mark.

—¿Ah? No...—Lara abrió los ojos de par en par, hizo una mueca pero no pudo gritar. Eran cinco tipos que se acercaban hacia ellos. Ella se giró sobre los talones y caminó al lado de Mark, haciendo un intento de caminar rápido, pero acompañando a Mark.

—¿No tienes algún arma, rayo láser, bomba o algo así?—dijo Lara con la cara estirada.

—Tenía mi arma, pero tú la rompiste—dijo Mark levantando su brazo mecánico, apenas cubierto por jirones de piel que se movían y por encima unos pequeños pedazos de fierro que se plegaban y desplegaban, como extrañando algo encima de su antebrazo.—además no estoy al 100% de mis capacidades. Podría encargarme de uno, pero no estimo un resultado favorable contra los cinco.

Lara giró la cabeza para ver donde estaban los tipos, pero no los vio. Respiró aliviada y al instante, ellos los habían rodeado.

—Buenas noches—dijo el que estaba en frente de ellos. Era un moreno muy alto, de trenzas negras pequeñas en la cabeza y ropa muy holgada. El tipo tenía los ojos enrojecidos, los párpados hinchados y el rostro enjuto y agrietado. Extendió la mano hacia Lara. Mark estaba encorvado, parecía a punto de caer.—Me llamo Jabroni.

Lara le dio un apretón con la mano temblorosa. Sus piernas comenzaron a desobedecerle y sus ojos comenzaron a inundarse. Musitó una respuesta y, despacito, le nació una tembladera en los labios.

—Estamos aquí por algo—continuó Jabroni—. Ustedes ya saben.

Mark levantó la cabeza, miró a los tipos y algo le sorprendió. Intentó pararse lo más firme posible que le permitían sus piernas chuecas. Jabroni vio su cara y volteó la cabeza para ver detrás de él.

Los pandilleros huyeron despavoridos. A lo lejos apareció una figura que venía. Era un hombre alto y corpulento.

—¿Te acuerdas del tipo de la primera misión que te conté?—dijo Mark, tambaleándose.

—¿Cuál? ¿El tipo que te destrozó estando tú al 100% de tus capacidades?

—Sí. Es él.

---------------------------------------------------------------------

[1] Que valgan verdades es un milagro del marketing el hacer un éxito una bebida con ese nombre y que en realidad es solo agua saborizada con gas.

[2] Colorina es, en vulgo, como les dicen a las personas que tienen el cabello de colores 'diferentes', sea por método artificial o natural. Puede ser verde, azul, celeste, rosado, violeta... y cualquier otro color que no sea negro, castaño o rubio. En general los colores variados dan un símbolo de estatus, ya que la única manera de tenerlo es mediante manipulación genética o con familias que previamente hayan tenido el cabello de ese color (y que también hayan sido alterados). Y sólo las familias muy ricas (o con un poco de dinero) hacen que sus hijos tengan el cabello de un color único y diferente. Según ellos...

[3] Igual que colorina, sólo que en formal. Cabe aclarar que el único color que puede considerarse pelicolor y generarse de manera espontánea es el rojo.

[4] De raza crisálida de hada, por si a alguien le interesa.

[5] Una raza de duende muy similar a los elfos.

[6] Mark es el típico fanático de tu grupo de amigos que no vive tranquilo hasta que no encuentra la oportunidad de soltar una frase de sus películas favoritas. Si usted no sabe cuál de sus amigos es, hay una alta probabilidad de que usted lo sea.