El Blog de Galled

Cuentos de Ravdos y Nayrek

2. Halloween

Escrito por: Shingo

Se abre una ventana y se enciende un aparato que toca música alegre. Es Ravdos, el robot, que está con ganas de bailar y divertirse. Ravdos vive en la casa de Nayrek, el científico. Nayrek es un científico como cualquier otro, le gusta la música suave, los jeans gastados, las zapatillas de colores y los polos llamativos. Ambos viven en la ciudad de Florikuk y son muy felices.

A Ravdos le encanta el halloween, es una de las mejores fechas del año para él. Pero antes no era así. Si tú conversas con Ravdos no hallarás ninguna diferencia con un niño de 7 años, excepto porque tiene una voz robótica, y un cuerpo robótico. Así que aunque quiera, no le es fácil salir a jugar con los otros niños de calle, por lo que siempre se divierte dentro de la casa de Nayrek. Un día llegó de visita el sobrino de Nayrek, Sherrod. Él estaba emocionado porque el día siguiente era Halloween e iba a salir disfrazado (su mamá le compró un bonito disfraz de pirata) y todo el día mientras jugaba con Ravdos le estaba contando lo maravilloso que era, porque todo el mundo salía disfrazado de monstruos, princesas y hadas; les regalaban dulces, galletas y kekes y todo el mundo parecía vivir en un país de fantasía.

Ravdos estuvo un poco triste, porque recién se había enterado de esa fiesta y no le había dicho a Nayrek que le compre un disfraz o siquiera que le haga uno. Pero Sherrod, muy optimista, le dijo:

- ¡Vamos a hablar con mi tío, él seguro te hace un disfraz para mañana!

Ambos, el niño y el robot, se fueron a hablar con el tío, pero la respuesta de Nayrek fue desesperanzadora:

- No creo que pueda hacer un disfraz para tí, Ravdos. Ya es muy tarde y no me alcazará el tiempo. Mañana tengo que levantarme temprano para ir a trabajar.

Ravdos quería llorar, aunque no podía ya que era un robot. Se fue a su cama triste y Sherrod le consolaba a cada rato:

- Ya no estés triste, mañana te traeré varias galletas y chocolates. ¡Te van a gustar!

Al día siguiente, vino la mamá de Sherrod trayendo el disfraz de pirata. Mientras le ponían el disfraz a su amigo, Ravdos veía escondido desde la puerta cómo el ambiente estaba muy alegre, con fantasmas de cartulina, telerañas de algodón y galletitas en forma de araña.

Cuando Sherrod se disponía a salir, su mamá se giró hacia Ravdos:

- ¿Y tú no vas a salir?

- No puedo - dijo Ravdos con voz temblorosa - no me han comprado ningún disfraz.

La mamá de Sherrod se río a carcajadas y le dijo con una sonrisa de oreja a oreja:

- ¡Tú no necesitas disfraz Ravdos! ¡Tú vas a recibir más caramelos que nadie!

La mamá de Sherrod se llevó a Ravdos y a su hijo de la mano a la calle.

Ese día fue el mejor día de la vida de Ravdos. Cada vez que pasaba, los niños se sorprendían y se alegraban. Los adultos sonreían y algunos hasta se tomaban fotos con él. Fue necesario conseguir dos bolsas más, porque la primera que llevaba se llenó rápidamente de caramelos, chocolates, galletas y kekes.