— Como le decía, el trabajo ya estaba bien avanzado. El chico se había perdido luego de hablar con una mujer por internet. Su mejor y único amigo me había dado la pista. Entramos a todas sus redes sociales y buscamos todas las conversaciones que pudimos. El último registro de conversación (además de su amigo) era con una mujer que... No me lo va a creer... Ja, ja, ja.
- Siga, por favor.
- Ja, ja, ja. La mujer lo invitaba a una fiesta, pero no una fiesta cualquiera. Iba a ser una orgía de supermodelos, aquí, en este mismo edificio. ¿Recuerda que vine con un par de compañeros más?
- Sí. Yo mismo los llevé al departamento que me indicaron.
- Ja, ja, ja, ¡qué buena memoria que tiene!, yo ni me acuerdo de la cara de mi última enamorada, menos aún me iba a acordar de su cara de usted. Tiene la cara de un anciano común y corriente. No se moleste, ¡eh!
- No, ¡qué va!
- ¡Mierda! Si me invitaran a una orgía yo también caía. Lo demás ya sabe. No encontramos nada. Además tenía otros casos más fáciles que resolver. Yo ya estaba por encarpetar al chico, total ya habían pasado cuatro meses. Pero si no fuera por la señora...
- ¿Una señora?
- La mujer llegaba todos los días a la comandancia. Incluso en estos días. Ya sabe, en estos días todo el mundo esta pensando en pavos, panetones, chocolates, regalos para los hijos y el árbol que hay que comprar a última hora. Sin duda la señora tenía suerte.
— ¿Por qué lo dice?
— Porque le asignaron su caso a alguien sin familia ni amigos para compartir la Navidad. A mí. Un poco triste, ¿no? Pero era mejor para los dos, yo encontraba a su hijo y además me mantenía entretenido. Prefiero el trabajo antes que quedarme tomando por ahí. Mmmm, este chocolate está buenísimo.
— Gracias.
- Ja. Disculpe si me rio demasiado. Soy de esas personas que se ríen cuando están nerviosos. Es que nunca me había pasado algo como esto. Ni siquiera creo en Dios. Aunque eso tengo que pensármelo bien. Estas cosas lo cambian a uno.
- Cuénteme, tengo curiosidad. ¿Qué fue lo que vio?
- Ni yo me lo creo todavía. ¿Creo que ya le dije esto antes?
- ¿Qué cosa?
- Que no me creía nada de esto.
- No se preocupe. Continúe.
- Yo se lo estoy contando, aunque sé que no debería. Pero esto es en... bueno, como una especie de agradecimiento. Es que yo aún tenía mis sospechas. El chico era nerd y estaba tan involucrado en peleas de pandillas o crímenes pasionales como yo en criar hijos ajenos. Sólo se dedicaba a los números y a ver series por internet. Su amigo estaba limpio, era otro nerd que vivía con su madre. Lo interrogamos y no le pudimos sacar nada. El resultado era que el muchacho llegaba a este edificio y luego desaparecía como por arte de magia. Algo olía peor que los pañales del hijo de mi última enamorada.
Luego de darle revisión a todo el archivo, como un escolar que estudia a última hora para aprobar su último examen, descarté cualquier otra alternativa y me vine para aquí. Usted sabe que entre los delincuentes y nosotros hay una línea casi tan fina como las tangas de una vedette. Entrar aquí sin que usted se diera cuenta fue cosa sencilla.
No se vaya a molestar, pero en mi profesión desconfiar es cosa de todos los días. Y yo sospeché de usted. Había visto películas de hackers y esas cosas, donde pueden cambiar todo el registro de cualquier persona. Pero descarté esa opción. No podía mirar a los ojos a esa señora y decirle que la investigación no llegaba a ningún lado porque yo suponía que algún experto le había cambiado todas las redes sociales de su hijo. O sea, hay muchos colegas que lo harían, pero así como hay muchos que se tiran pedos en su silla y no les dicen nada, así hay gente como yo que prefiere evitar disgustos.
La dirección decía "Avenida Modernidad 448, departamento 1804". Si alguien cambiaba las etiquetas de los departamentos, sólo podía hacerlo en el piso 18. Así que comencé a tocar puertas. La gente por aquí sale de viaje, ¿no? casi no encontré a nadie. Cuando estuve ya muy cansado me detuve frente a una puerta que decía 1806. Los rótulos de todas las puertas no tenían ningún orden. Tenías al 1801 y luego al 1808 y luego al 1802. No tenía sentido para nada, excepto que ese 1806 se veía nuevo como los pechos de una virgen.
La puerta estaba cerrada pero ya sabe, la línea fina como una tanga: la abrí sin problemas. ¡Mierda! Debí haber pedido refuerzos. O mejor me hubiera quedado en la cantina. Una botella de whisky y un par de piernas era mucho mejor que aquel cuarto oscuro.
Ni bien entré me di cuenta que no había nada bueno allí. Saqué la linterna y busqué un interruptor, pero esa alfombra me llamó la atención y le apunté. Primero pensé que era una locura, pero luego de acercarme al piso vi, que de verdad, ¡eran pelos que se movían!
Pero si solo hubiera sido eso, no estaría aquí, ¿no?, ¡ja, ja!
Ese sonido comenzó bajito, recuerdo que eso fue otro motivo para entrar. Era un sonido extraño, como un latido o algún tambor que sonaba bien lejos. Mientras más me metía en ese departamento, más fuerte sonaba y mientras más fuerte sonaba más me hacía querer entrar.
Me acerqué a una de las paredes. Aún podía oler el pegamento con el que habían pegado el papel tapiz, uno con rayas azules y flores amarillas. No me equivocaba: mientras más cerca a esa pared, más fuerte se oían aquellos latidos.
Saqué mi arma por miedo, no sé por qué, pero tenía miedo. Estaba bañado en sudor y la pistola la sentía como un pescado recién comprado en el mercado. El sonido estaba más fuerte, como si alguien golpeara contra mi cerebro. Di unos cuantos toques a la pared y vi que estaba hueca, parecía triplay. Los latidos no me dejaban en paz. Me apreté el costado de la cabeza con una mano. Ahí seguía el sonido. Apreté los dientes y ¡di una patada a la pared!
¡Ja!
Cuando saqué el pie, ¡no le miento! Mi pierna estaba bañada en una baba, como saliva o esa agüita que sale de las heridas infectadas. Apunté con la linterna hacia el hueco y, no me va usted a creer, ¡Detrás de esa pared de madera, había carne! ¡Carne! ¡Carne viva latiendo!
Ya no sé ahora, si por curiosidad o locura, me puse a abrir más ese hueco. De a poquitos un olor apestoso comenzó a salir de ese hueco, era como pollo podrido, mezclado con queso pasado. No estaba tomado, ¡lo juro! pero cuando abrí bien el muro, encontré algo que ya no pude entender. Habían cabezas, ¡personas! todas metidas entre los pedazos de carne, como combinados o amarrados por esos pedazos de carne. Ahora no sé si respiraban, pero me dio la impresión, se movían todos juntos, como si respirasen.
Me desesperé. Cogí un pedazo de madera y como si fuera un cuchillo comencé a cortar. ¡La baba salía a chorros! Estaba bañado en la baba que me impedía moverme más, la carne se abría y no entendía qué pasaba. No había huesos, o mejor dicho cadáveres. Sólo había huesos y cabezas mezcladas con la carne y la baba. Tampoco había sangre. Solo esa baba que se derramaba en el piso y me hizo caer. Mi pistola se cayó y cuando fui a recogerla unos... suena estúpido, lo sé, pero es cierto, ¡lo juro por mi madrecita que está en el cielo! ¡Unos tentáculos me cogieron de pies y manos!
Cuando quise gritar otros tentáculos me taparon la boca y comenzaron a jalarme para todos lados. Lo último que escuché fue un grito. Luego aparecí aquí.
Ja, ja, ja, ja. No estoy loco. Es lo que pasó realmente.
- Interesante historia.
- Ja, ja. No me cree.
- Es cierto. No le creo. Yo le voy a decir qué pasó aquí. Usted vino, habló conmigo. Subió nuevamente al departamento que registró la última vez. No vio nada extraño y luego bajó a interrogarme. Es lo más cuerdo que podría yo escuchar, antes que... ¡tentáculos! ¡carne detrás de paredes!
- Ja, ja, ja, ja.
- ¿Me entendió?
- Sí. Ja, ja, ja, ja.
- Qué bien. Ni usted, ni yo queremos que lo tomen por loco en la comisaría.
- Ja, ja, ja, ja, ¡JA!, ¡JA!, ¡JA!, ja, ja, ja, ¡JA!, ¡JA!, ¡JA!, ja, ja, ja, ¡JA!, ¡JA!, ¡JA!, ja, ja, ja, ¡JA!, ¡JA!, ¡JA!, ja, ja, ja, ¡JA!, ¡JA!, ¡JA!, ja, ja, ja, ¡JA!, ¡JA!, ¡JA!